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Una

Una familia terapéutica

Pacientes con trastorno mental piden más investigación, oportunidades en el mercado laboral y que la sociedad no los margine porque su patología es "como cualquier otra"
Uno de los diferentes talleres de la Comunidad Terapéutica
  • Que no nos marginen, reivindica uno de los pacientes.
  • Que no nos tomen por tontos, reclama otro.
  • Ni por locos, añade un tercero.
  • Que esta es una enfermedad como cualquier otra, asegura el último.

Las demandas que los pacientes con trastorno mental hacen a la sociedad salen a borbotones y a la primera en cuanto el monitor de la Comunidad Terapéutica del Hospital Marítimo, Andrés Ramos, les informa de que un periodista asiste ese día a la sesión matinal de psicoterapia. Sin rodeos, se quejan de que casi siempre salen en los periódicos relacionados con noticias negativas. Solo después que han hecho su catarsis con la sociedad y la prensa pasan a otras reivindicaciones, como que haya más investigación sobre sus patologías, que no se les receten genéricos sino fármacos "pata negra" porque son mejores o que haya más comunidades terapéuticas y menos unidades de agudos.

Unos pocos acaparan la charla, algunos solo hablan cuando el monitor les pregunta y otros no pronuncian ni una palabra. La mayoría son sorprendentemente jóvenes. Algunos tenían su trabajo, pero tras una crisis de la enfermedad se han quedado sin empleo. De ahí que reclamen oportunidades para poder insertarse en el mercado laboral. Jesús reconoce que a veces con las pastillas cuesta trabajar porque "tu cabeza no está al 100%". Es el más hablador y pone de manifiesto las dificultades económicas que afrontan muchas de las personas con trastorno mental al no tener un empleo. Él cuenta que para buscarse la vida ha llegado a sortear jamones, espárragos, borregos y hasta un jabalí.

Iván, que también tuvo un trabajo, relata que ahora depende de su madre. Que pidió acogerse a la Ley de Dependencia, pero como ayudaba tanto con las tareas domésticas, se la rechazaron. "Parecía que la enferma era mi madre", dice y arranca las carcajadas de todos.

La comunidad terapéutica del Marítimo, que depende del Hospital Clínico, acoge a pacientes con trastorno mental grave. La mayoría padece esquizofrenia, que es la patología más prevalente. Debido a que son enfermedades que debutan a edades tempranas, muchos de los pacientes son jóvenes, de edades que oscilan entre los 25 y los 45 años. Hay un poco más de varones que de mujeres.

Son personas con una vida relativamente normal, que un día hacen una ruptura y pierden su capacidad de adaptación. "Se desmoronan como personas", resume Alfonso Conejo, coordinador en funciones de la comunidad terapéutica. "El objetivo aquí es su reestructuración psíquica. Que retomen los hábitos más básicos -desde unos horarios de sueño hasta unos hábitos de higiene- y que recuperen su proyecto de vida", explica Conejo. Debido a que los pacientes pueden estar en la comunidad hasta casi un año, los otros enfermos y los profesionales son casi su familia. Una familia terapéutica. "Pero sin que olviden que es un lugar de paso", puntualiza el coordinador del centro. Una familia con la que todos muestran agradecidos por su progresiva recuperación. "Los compañeros me han servido de mucho. Me han apoyado", sostiene Miguel. "Yo vine desanimado, hundido, depresivo. Ahora estoy más tranquilo, más centrado", asegura Jesús.

Las actividades comienzan cada día con el desayuno. Luego hacen gimnasia y dan un paseo. Sobre media mañana comienza la sesión de psicoterapia. En esta época, las actividades se centran en las fiestas navideñas. Los pacientes organizan su propia comida navideña, colocan el belén y crean su árbol de los deseos. El monitor explica que con la excusa de escribir lo que esperan de 2012 , "tienen que reflexionar sobre su futuro". Cada uno plantea un deseo diferente. Armonía, paz, libertad, honradez, "que nos toque la lotería", "que se acabe la crisis"... Pero todos coinciden en uno: salud.

Unos siguen callados. Alguno tiene la mirada perdida. Los demás se expresan y hablan del futuro, de sus reivindicaciones y se ríen, sobre todo cuando Jesús cierra sus deseos para 2012 pidiendo "sexo, mucho sexo". 

Fuente:
Diario Málaga Hoy (Leonor García)
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